Redes sociales en soledad


Tengo a golpe de click demasiadas cosas, todo rápido, instantáneo, detrás del ordenador, parece que lo tengo todo y, sin embargo, sigo sintiendo soledad.

Cual botella de náufrago lanzamos miles de mensajes al ciberespacio para ser escuchados. Como si aquí no me pudieran escuchar, ¿será quizá que no nos escuchamos? Nos tenemos tan cerca que no nos vemos, ni a nosotros ni a los demás, quizá sea esto.

Puedo hablar con 5 personas a la vez, lo que me permitan la rapidez de mis dedos tecleando, lo que permita mi agilidad mental, lo que permita la no profundidad de cada conversación mantenida.

Detrás del ordenador o del móvil podemos imaginar muy diferentes tipos de personas, pero con más seguridad, cuantas más horas transcurran detrás de la pantalla ¿podría ser proporcional con el sentimiento de soledad o de vacío? Puede que estemos huyendo de la soledad de nuestra vida, o bien puede que nos estemos adentrando en la soledad de las redes.

Si puedo estar hablando casi con quien quiera detrás de la pantalla ¿para qué voy a ir a una cafetería? Y si voy a la cafetería, me encuentro a todo el mundo mirando a la pantalla, comunicándose con el que está delante y 4 más en el chat. O bien puedo ser educada, dejarlo para más tarde y mientras mantener una conversación entretenida, profunda o simplemente sincera y honesta. Incluso no se me había ocurrido que también puedo mantener conversaciones honestas en las redes.

Constantemente estamos esperando ese refuerzo que son las palabras, la esperada comunicación, cuanta más comunicación parece que mejor. Pero ¿nos estamos perdiendo en la cantidad, en la inmediatez, en el egocentrismo y narcisismo? ¿En qué nos estamos perdiendo?

Quizá estamos en esas primeras etapas, aprendiendo a manejar este mundo con tantas opciones y tan hiperestimulado. Tan enorme libertad hemos construido que no sabemos qué hacer con ella y, muchas veces, aparece el hastío, el aburrimiento, la saturación, la falta de valoración de las pequeñas cosas de nuestra vida y, por tanto, la infelicidad.

Con suerte esta infelicidad no te causará grandes daños, o no aparentemente. Quizá no sufras de ansiedad, ni de depresión, ni de cualquier otro mal que se pueda diagnosticar con el libro de cabecera de trastornos mentales (DSM IV). O bien ¿este aparente silencio es peligroso, como gripe que cursa sin fiebre?

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Qué pasa si no tengo ningún problema pero en realidad los tengo todos, qué pasa si sufro de infelicidad y ni siquiera puedo ponerle nombre, al menos para ser comprendida por un médico que me diga: “tiene usted ansiedad” o “tiene usted depresión”.

No sé si prefiero que mi cuerpo y mi mente me pongan un tope, me avisen de que algo va mal con diferentes síntomas, pues si no, ¿cómo curo mi infelicidad?

¿Me he encargado yo de programar la química de mi cerebro de infelicidad haciendo un mal uso de mi acceso a la libertad con las tecnologías, entre otras cosas?

Me pregunto si somos conscientes de cuánto poder tenemos para cambiar la química de nuestro cerebro, tanto para bien como para mal. Y si somos conscientes de cómo la química que tengamos en nuestro cerebro puede afectar a los demás. Pero primero hay que preguntarse si uno tiene conciencia, hay quien no la tiene.

¿Realmente queremos comunicarnos o preferimos crear una imagen maravillosa para enseñarla en las redes sociales, ser vista y admirada? Tengo la oportunidad de ocultar para siempre todo lo que en mí no me gusta gracias a las redes sociales, pero ¿podré comunicarme de verdad si antes me he deshecho de todo lo que no me gustaba de mí? ¿seré yo realmente la que se comunica o será la imagen idílica que he creado de mí?

Estamos quizá embarcándonos en un estilo de vida narcisista. El narcisismo humano difiere en las distintas culturas. En las culturas colectivistas, como en Japón, el líder se siente satisfecho de poder ayudar a la evolución de su grupo. En las culturas individualistas, como en Norteamérica, el líder se siente satisfecho de poder ayudarse a sí mismo.

Es curioso cómo el trastorno narcisista de la personalidad no estaba incluido en las primeras clasificaciones de trastornos mentales en EEUU, lo que parece indicar que es una expresión típicamente norteamericana.

 

¿Podemos crear una sociedad en la que cada uno sea responsable y se preocupe de sí mismo con el fin de al menos no entorpecer, poder contribuir al grupo y ayudar a los demás?

Para todas estas cuestiones morales en las que nos adentramos, te invito a ver este vídeo del programa REDES: “Principios morales universales”.

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Autor:
 Lourdes Garrido MayoPsicóloga especialista en inteligenciaemocional y #relajación.
www.psicointegral.es   
@Lourdesgarrido 

Nota: Deseo agradecer a Lourdes, por la participación en mi Blog; serás bienvenida cuando gustes.
Es maravilloso compartir el conocimiento, y sumamente enriquecedor leer, escuchar y comprender distintos puntos de vista.

Ahora brindo con todos vosotr@s (con una caña virtual), por las conversaciones sinceras, educadas, entretenidas y honestas; lo que resumo normalmente denominándolo #NetworkingdeValor.
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Redes sociales en soledad
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